Jesús, el Nazareno, así se le conocía en Israel cuando comenzó a predicar. Arqueólogos israelíes han descubierto ahora los restos de la primera casa que data de la época en la que nació Jesucristo.
Aunque para la Conferencia Episcopal representada por su secretario general, monseñor Juan Antonio Martínez Camino, lo más dramático es la aceptación social del aborto.
La Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) asiste a miles de iraquíes cristianos que han huido de la ciudad de Mosul para refugiarse en Siria, un país en el que viven 1,2 millones de personas que han abandonado Iraq.
Las cifras que los propios cristianos iraquíes manejan hablan de unas 3.750 que han tenido que huir de la tercera ciudad del país, Mosul, desde que los grupos radicales suníes incrementaran sus ataques contra ellos en octubre.
Si afirmamos que “nuestro tiempo es dramático y al mismo tiempo fascinador”, probablemente alguien se pregunte qué poeta o qué filósofo o qué gran comunicador o encantador de multitudes ha dicho estas palabras. Fue el Papa Juan Pablo II, quien, el 7 de diciembre de 1990, en la recta final del siglo y del milenio, escribió estas líneas en mitad de la encíclica Redemptoris missio, sobre la permanente validez del mandato misionero.
Y explicaba: “Mientras por un lado los hombres dan la impresión de ir detrás de la prosperidad material y de sumergirse cada vez más en el materialismo consumístico, por otro, manifiestan la angustiosa búsqueda de sentido, la necesidad de interioridad, el deseo de aprender nuevas formas y modos de concentración y de oración” (Rmi, 779).